“Redescubre tu misión de ser diácono”

Bajo el lema “Redescubre tu misión de ser diácono”, el pasado 22 de septiembre fueron convocados los diáconos permanentes de la Vicaría Padre Misericordioso a un encuentro de formación y fraternidad, que contó con la presencia de Monseñor Alejandro Díaz García, Obispo Auxiliar de Bogotá.
En horas de la noche, los diáconos que atendieron este llamado vivieron un espacio de iluminado por el capítulo 18 del Evangelio según san Mateo, a partir del cual Monseñor Alejandro ayudó a redescubrir algunas de las “diaconías a las que está llamado el diácono”.
Desde la riqueza de la vocación diaconal y su multiforme sacramentalidad, Monseñor recordó que Dios confía al diácono diversas formas de servicio a los hermanos, invitándolo a hacer de su ministerio una presencia cercana, misericordiosa y comprometida con las realidades concretas de la comunidad.
Diaconía de la familia: cuidar y proteger
A partir del versículo “Dejen que los niños se acerquen a mí” reflexionó sobre la diaconía del cuidado, recordando que el diácono está llamado a proteger, acompañar y cuidar; a evitar aquello que pueda generar escándalo o alejamiento, y, sobre todo, a favorecer el encuentro con Cristo. Resaltó que el servicio debe contribuir a acercar a las personas y no a alejarlas, comenzando por el ámbito más cercano: la propia familia.
Diaconía de las periferias: salir al encuentro
La parábola de la oveja perdida (Mt 18, 10-14) permitió reflexionar sobre la necesidad de salir al encuentro de quienes se encuentran alejados, solos o invisibilizados. Esta diaconía invita a reconocer las nuevas periferias presentes en nuestra sociedad: el mundo educativo, en donde la presencia activa de la Iglesia necesita ser fortalecida; los conjuntos residenciales, en donde muchas veces cada familia termina viviendo como una isla; las personas mayores que experimentan la soledad y, en ocasiones, permanecen en hogares que no sienten como propios; y tantas familias que, absorbidas por las exigencias y el activismo cotidiano, terminan distanciándose unas de otras.
El diácono está llamado a estar allí donde las personas necesitan ser escuchadas, acompañadas y acogidas.
Diaconía del rumbo: ser brújula
“Si tu hermano llega a pecar, ve y corrígele, a solas tú con él. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano. Si no te escucha, toma todavía contigo uno o dos, para que todo asunto quede zanjado por la palabra de dos o tres testigos” (Mt 18, 15-20): el espíritu sinodal nos enseña a caminar juntos, en la misma dirección y hacia un mismo objetivo, ayudándonos mutuamente a mantener el norte y a enderezar el camino cuando sea necesario.
En este contexto, se resaltó el servicio que prestan en las comunidades parroquiales los EPEM (Equipos Parroquiales de Evangelización Misionera) y los COPAE (Consejos Parroquiales de Asuntos Económicos), como espacios que contribuyen a orientar y acompañar la vida de las parroquias. Sin embargo, se recordó que la corrección fraterna requiere caridad, prudencia y sabiduría: no se trata simplemente de señalar errores, sino de ayudar al hermano a encontrar nuevamente el camino.
Diaconía de la congregación y la fraternidad: ser “imán”
Monseñor invitó adicionalmente a los diáconos a reflexionar sobre la importancia de reunirse, congregarse y permanecer unidos. El diácono no está llamado a vivir su ministerio de manera aislada: la oración por los demás, la fraternidad entre los hermanos que conforman el cuerpo diaconal de la Vicaría y la disposición para participar en los espacios de formación permanente son elementos esenciales para fortalecer su vocación.
Por ello, se hizo una invitación especial a no generar resistencias frente a las convocatorias de formación, los retiros y demás espacios de encuentro, reconociendo que estos momentos constituyen un verdadero alimento espiritual y contribuyen también al equilibrio integral del diácono. “La fraternidad, entonces, se convierte en una especie de “imán” que atrae, reúne y mantiene unidos a quienes han recibido la misión de servir”.
Diaconía del perdón y la reconciliación: ser fuente de unidad
Finalmente, Monseñor profundizó en la diaconía del perdón y la reconciliación y llamó a los diáconos a ser instrumento de unidad en los diferentes espacios donde desarrolla su misión. Su presencia en las pastorales, en la comunidad, en el trabajo y, especialmente, en la familia, debe favorecer el encuentro y la reconciliación, evitando convertirse en motivo de división.
El servicio diaconal tiene, de esta manera, una dimensión profundamente reconciliadora: llevar el perdón de Cristo allí donde existen heridas, distancias o desencuentros.
Al finalizar este recorrido por las diferentes expresiones del servicio diaconal, quedó una invitación fundamental: la diaconía más importante es la propia familia. Es allí donde el diácono está llamado, en primer lugar, a construir unidad, a ser testigo fiel del amor de Cristo y a ejercer el servicio con quienes Dios ha puesto a su lado. Antes de servir a la comunidad, el diácono está llamado a ser servidor de los propios, haciendo de su hogar un espacio donde se experimente el amor, el perdón, la cercanía y la presencia de Dios.
Un encuentro para crecer en fraternidad
Adicional a la formación las diferentes dinámicas propuestas por Monseñor Alejandro favorecieron una participación activa y consciente de los asistentes, haciendo de la jornada un espacio cercano y enriquecedor.
No podemos concluir esta nota sin expresar un reconocimiento especial a las señoras que acompañaron este encuentro. Su presencia, cercanía y disposición hicieron de esta experiencia un momento aún más fraterno y alegre, recordándonos que el camino del servicio diaconal se vive también en compañía de quienes comparten, sostienen y enriquecen esta vocación.
Que este encuentro ayude a cada diácono de la Vicaría Padre Misericordioso a renovar su llamado, fortalecer su fraternidad y, sobre todo, a redescubrir con alegría la misión que Dios le ha confiado: ser servidor, constructor de unidad y testigo del amor de Cristo.
