¿Es el proceso del Catecumenado una urgencia para la Iglesia colombiana y arquidiocesana hoy?

Nuestra Vicaría Padre Misericordioso trata de responder a esta inquietud, teniendo presente el amplio número de personas adultas que están llegando a la Vicaría, buscando recibir sus Sacramentos de Iniciación cristiana, con una idea fija en su mente y corazón: es fundamental en la vida, ir de mano de Dios y vivir en comunidad la fe.
Llevamos 3 años ofreciendo el itinerario para los Catecúmenos, acompañando ya un buen número de adultos, quienes con emoción están viviendo esta experiencia maravillosa de Dios en su vida. Nuestra Celebración en abril con 17 personas da razón del por qué hemos querido compartir la experiencia a través de este texto.
El proceso del Catecumenado empezó en la metodología mixto desde el 2024, año en el que vimos la necesidad de apoyar a los adultos en su búsqueda de Dios a través de los Sacramentos, pensando en seguir los lineamientos de nuestra Arquidiócesis de Bogotá y a la vez facilitando a las personas llevar a feliz término su preparación Sacramental; nos hicimos la siguiente pregunta: acaso ¿hay muchos adultos en este momento de la historia que desean recibir los Sacramentos?, es una pregunta que cala profundamente en el corazón y nos mueve a responder: Sí, el aumento de adultos buscando los Sacramentos va teniendo un crecimiento exponencial.
Entonces siguen surgiendo preguntas frente al tema: ¿y quiénes son los que están en esas búsquedas?, ¿de dónde vienen?, ¿cuál es la realidad que viven y que les mueve buscar los Sacramentos?, ¿de qué familias provienen?, ¿cuáles son sus expectativas?... a medida que van llegando a nuestros espacios eclesiales, estas preguntas siguen resonando y, solo cuando se hace un auténtico reconocimiento de la persona podemos empezar a responder de alguna manera, o al menos parcialmente qué está pasando con tantos adultos que hoy, están buscando a Dios a través de los Sacramentos.
Con el fin de seguir los lineamientos del Catecumenado propuestos por nuestra Arquidiócesis de Bogotá y también con el RICA(Ritual de la Iniciación cristiana de adultos), hemos tratado de adentrarnos en estas búsquedas de los adultos, y para esto, lo primero que se propone – antes de hablar de requisitos – es organizar con cada persona un encuentro presencial a manera de entrevista, donde de manera sencilla pero a la vez profunda podamos escuchar al adulto sobre su solicitud, deseos e inquietudes y nosotros a su vez presentarle primero el espacio de la Vicaría como zona pastoral de la Arquidiócesis de Bogotá, felicitarlo por la escucha atenta a Nuestro Padre Dios que lo ha llamado desde siempre y a Quién ahora vamos a responder de manera pronta y eficaz y mostrarle de la manera más sencilla cómo desde su ser de adulto con responsabilidades personales, familiares y laborales, puede acercarse a este don maravilloso de los Sacramentos, en su caso particular, los de Iniciación cristiana.
Cada persona que se acerca a estos procesos, llega con experiencias muy diversas de vida y, así como algunos han estado cerca de alguna manera a la Iglesia Católica, por alguno de sus padres o abuelos, otros nacieron y crecieron en espacios de comunidades de fe de muy variadas denominaciones religiosas, siendo los testigos de Jehová los que “más decepcionan” y otros cultos en los cuales, ellos ya como adultos descubren cosas con las que no están de acuerdo y deciden mantenerse al margen a veces, en contra de sus mismas familias que ya convencidos en estos otros espacios, quieren que ellos sigan allí.
En esta primera entrevista, se van descubriendo las motivaciones que cada uno trae en el corazón y que los lleva con “temor y temblor” a decir “yo quiero mi bautismo católico” con todo y lo que significa para ellos en medio de sus familias y trabajo. Los comentarios frente al tema de crítica, condenación y burla nunca han faltado, ya que ser valientes y preguntar, ha generado en ellos toda clase de expresiones, aún de mismos miembros de nuestra Iglesia católica, que los han condenado o sencillamente no les han dado ni siquiera una luz frente a ese camino de búsqueda de los Sacramentos, que aunque pareciera fácil: no lo es, en ningún caso: para llegar a feliz término este camino, han tenido que ser valientes y enfrentarse a puertas que se cierran, a críticas constantes o al “eso para qué… no te compliques, no vale la pena”.
Escuchar a un Catecúmeno es descubrir que la misericordia de Dios jamás calla, nunca se queda quieta, siempre se hace presente y se hace sentir en el corazón y la mente de mil y mil maneras. Dentro de estos testimonios, la gran mayoría y - con tristeza hay que decirlo-, son hijos de familias que se llaman “católicas”, pero que nunca pusieron en práctica su religión y dejaron a sus hijos “elegir libremente”, llevándolos como ellos mismos cuentan, a sentirse solos, desesperanzados y sin encontrar en Quién desahogar muchas veces su dolor y sus preocupaciones; estas personas de vez en cuando fueron a la Misa, alguien hizo una oración con ellos, tuvieron algún contacto con la iglesia, pero también probaron en otras denominaciones religiosas y no, nada llenó su corazón; tenemos otros que no “nacieron católicos”, cosa que se está viendo también en crecimiento, personas que ya no hicieron parte de nuestra fe, ya que sus padres estaban en otros espacios religiosos y sin embargo, Dios que sigue llamando y tocando el corazón y la mente, los llama y ellos deciden llegar a la Iglesia Católica como una Iglesia seria, formada, fundamentada, con ritos claros y con una experiencia de siglos con bases sólidas y aunque les cuesta, llegan a buscar un “Nuevo Camino” que los acerque a Dios… otros casos, son de los que a causa de las separaciones familiares quedan en medio de la situación, y tienen hermanos bautizados y otros no, entonces definitivamente, la familia es la causa primera del no inicio en la fe de sus hijos, descuidando la vida espiritual de aquellos de quienes son directamente responsables.
Después de las entrevistas personales presenciales, empezamos el proceso formativo con una serie de talleres preparados con cariño y con profundidad, evitando que sean demasiado complicados y confusos y que ellos van trabajando en su casa, a su ritmo y, con el tiempo que dentro de lo normal van teniendo; estos talleres son trabajados en cuadernos físicos, de manera que sus reflexiones o actividades solicitadas en el taller sean desarrolladas a mano, logrando una mayor atención en lo leído o visto en los videos o reflexionado de la Sagrada Escritura, o como parte del proceso y, también para que registren las inquietudes: luces y sombras que les van surgiendo. Esos cuadernitos, ellos los tienen siempre cerca para los encuentros tanto virtuales como presenciales, pues son los soportes de su formación.
Se proponen encuentros virtuales a fin de socializar los talleres, no son espacios para conferencias como tal, sino para que ellos puedan después de una profundización que se hace sobre el tema, comentar sus reflexiones, expectativas o preguntas que les surjan y entre todos, dar soluciones, que más que de índole teológica son respuestas a sus actitudes, a lo que viven, a lo que sueñan, a lo que la experiencia les ha dado, estamos hablando de una o dos reuniones virtuales en el mes, dando prioridad también a los encuentros personales, donde cada uno de ellos en plena libertad, comparten sus inquietudes, emociones y tristezas frente a las reflexiones realizadas en los talleres, en esta parte contamos con un equipo de catequistas formados que apoyan estos espacios formativos y que los atienden en sus preguntas.
Y luego los encuentros presenciales programados en diferentes espacios (vicaría, parroquias o lugares de misión); los encuentros presenciales son celebrativos, son espacios comunitarios, donde se comparte la fe y la amistad, donde ellos descubren que hacen parte de otro grupo de personas que como ellos han experimentado momentos difíciles de fe, pero que a su vez sienten en el corazón un llamado especial de Dios y de la Iglesia.
En los encuentros presenciales proponemos experiencias de oración, de encuentro, de misión y de compartir fraterno. Se hace la entrega de signos y se comparte con sus padrinos/madrinas espirituales quienes a lo largo de todo el proceso han estado allí orando por ellos, unidos a sus intenciones y disponibles para responder inquietudes y acompañarlos en la fe, por eso, estos padrinos y madrinas son personas elegidas directamente por el equipo vicarial de entre los catequistas formados y con suficiente experiencia, ellos están presentes en las reuniones virtuales y presenciales (en la medida de lo posible), pero sobre todo tienen una tarea única y maravillosa de orar por ellos.
Y, por último, se solicita el “proceso documental” que, sabemos de su importancia y, sin embargo, en ocasiones reviste de dificultad para ellos, sobre todo para quienes o son nacidos y registrados en los lejanos parajes de nuestra Patria o tienen a sus padres fallecidos o separados y que no cuentan con acercamiento a ellos. Para este paso desde la entrevista inicial se les ha hablado del tema, pero no como “requisito”, sino como un detalle legal del proceso al ser ellos ya personas adultas con una historia de vida, en ocasiones ya larga y compleja, el argumentarlo de esa manera, no choca con ellos, sino que, al contrario, entienden el porqué del proceso documental y su importancia en la vida de la Iglesia y que se hace para el bien de ellos mismos.
Al final gracias a ese manejo tranquilo, pero acompañado se ha podido llevar a más de 40 personas en dos años, a celebrar con gozo e intensa emoción sus Sacramentos: una Celebración organizada, sentida, con los signos representativos y un mensaje claro de bienvenida, de conversión y de identidad eclesial. Una Celebración Sacramental que emociona hasta las lágrimas, que marca la vida de los Catecúmenos y de quienes hemos estado cerca de ellos en su camino con una tarea clara: acompañar el proceso y seguir con alegría sirviendo a Cristo y a la Iglesia.
Que nos queda pendiente, el acercamiento a cada parroquia en la que ellos viven, que cada comunidad los reciba con alegría: estamos organizando una estrategia de entregar a cada catecúmeno una carta para que ellos se presenten en su parroquia y allí sepan que son sus “neófitos”, esperamos y rogamos a Dios para que allí les acojan y acompañen – tenemos personas de la Vicaría en un 60 % y el otro 40% viene de diferentes lugares eclesiales de Bogotá y de las diócesis cercanas.
Confiamos en poder realizar un gran encuentro de Catecúmenos antes de cerrar este año, convocando a los que han pasado por nuestra vicaría desde el 2024 y mantener la comunicación con la mayoría de ellos.
El Señor sigue llamando y nosotros debemos activar todos los medios posibles para que cada adulto que llega en búsqueda de ese encuentro personal con el Señor a través de los sacramentos inicie su vida Sacramental – eclesial y encuentre nuevas formas de evangelización que, sin dejar su esencia, sean creativas, dinámicas y flexibles, donde el Amor a Nuestro Señor y el servicio a los hermanos sea una prioridad desde el testimonio y la oración.
