Bogotá. Octubre 24 de 2019

Cultura Vocacional …Caminar Juntos Hacia La Santidad 

Por: Jonathan Alexander Sánchez Ojeda
Diácono Transitorio - Arquidiócesis de Bogotá

24 de Octubre 2019
Cultura Vocacional …Caminar Juntos Hacia La Santidad
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El mensaje es el llamado a la Santidad, una santidad vivida en la cotidianidad de la vida

En algunas ocasiones parece que la palabra “vocación” fuera exclusiva de quienes optan por la vida sacerdotal o religiosa y, por lo tanto, poco a poco la hemos ido sacando de nuestro léxico o la hemos confundido simplemente con lo que hacemos como profesión, lo cual no está mal pero, puede reducir lo que entendemos por vocación ya que lo limitaríamos a horarios, tareas, órdenes y retribución económica, cuando en realidad la vocación es mucho más que eso, es la opción de vida que elijo para alcanzar la tan anhelada felicidad, es el estado de vida que sigo para alcanzar la Santidad es, en últimas, mi respuesta a la voz de Dios que me llama a algo concreto en su proyecto del Reino.

Con este presupuesto, hablamos de lo que se puede denominar la dinámica de la vocación, pues si hemos dicho que la vocación es llamada esto implica, necesariamente, alguien que llame, un llamado concreto y, desde luego, alguien que esté dispuesto a escuchar y responder a la voz de quien llama.

Así pues, quien llama es el mismo Dios que desde siempre ha querido comunicarse, por amor, con el hombre y lo ha hecho de manera excelente por medio del Señor Jesús que es su Palabra hecha carne y compañero de camino de la humanidad.

El mensaje es el llamado a la Santidad, una santidad vivida en la cotidianidad de la vida. De tal manera que no solo quien opta por la vida sacerdotal o religiosa tiene una vocación y puede ser santo, la vida matrimonial también es una vocación y también es un camino para llegar a la Santidad.

Quien escucha la voz de Dios es aquel que es capaz de hacer silencio para atender la voz del Señor que le habla por medio de la realidad en la que vive y de los hermanos que se caminan junto a él.

Con lo dicho hasta ahora, es evidente que la vocación es la llamada que Dios hace para que todos le sigamos, pero cada uno de una manera específica y con una misión concreta en la Iglesia y la sociedad. Así pues, sea como docente, abogado, psicólogo, secretaria, conserge, vendedor, taxista, constructor, administrador, vigilante o en lo que sea que trabajemos estamos llamados por el Señor a darle sentido a todo lo que hacemos… y que mejor que ese sentido sea ser santo, santo para servir, santo para escuchar, santo para trabajar, santo para vivir en familia, santo para vivir el ministerio sacerdotal, santo para ser religioso o religiosa, santo para Dios.

La vocación no es exclusiva, es de todos, todos somos llamados por el Señor a algo concreto, por ello hay que aprender a hacer silencio para escucharle y para ponernos en camino tras sus huellas; sin embargo, no es suficiente con solo responder a mi propia vocación, estoy llamado también a servir en la vocación del otro orando por él, ayudándole en la formación, hablando de la vocación a los niños y jóvenes y, desde luego, siendo testimonio como discípulo misionero que se siente llamado y amado por Dios enviado a amar a los demás y a mostrarles la grandeza de la llamada de Dios.

En conclusión, es necesario generar cultura vocacional animando a los jóvenes a seguir al Señor, orando por cada uno para que encuentre lo que Dios quiere de ellos y desde luego, evitando ser obstáculos para quienes sienten el deseo de seguir al Señor como sacerdotes, religiosos o con un matrimonio desde Dios. No hay que tenerle miedo a la santidad, al contrario, es necesario dejarse impregnar por el deseo de ser santo como niño, como joven, como profesional, como casado, como religioso o religiosa o como sacerdote, después de todo, a eso estamos llamados… a ser santos como es santo nuestro Padre Celestial (1Pe 1, 6)

 

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