Bogotá, julio 10 de 2019

Trabajo por arciprestazgos, un servicio a la alegría de Dios

Por: P. César Iván Carrillo Rey
Animador del Equipo Arquidiocesano para la Animación Vocacional.

10 de Julio 2019
Trabajo por arciprestazgos, un servicio a la alegría de Dios
A+ A-

Con toda certeza hemos de reconocer que estamos ante una gran oportunidad para abrirnos a la esperanza evangélica

El sínodo convocado por el Papa Francisco en el año anterior, denominado “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional” destacó notoriamente la importancia que tiene la juventud para la Iglesia. Con ese mismo ímpetu, en nuestra Arquidiócesis de Bogotá nos hemos propuesto en este tiempo salir al encuentro de las distintas presencias y realidades juveniles que se forjan día a día en nuestra ciudad- región, para hacernos compañeros de camino en el nuevo rumbo, sostenidos por un serio y constante discernimiento eclesial desde donde vemos ineludible el compromiso de ser fermento del Reino de Dios en la sociedad actual.

Es en esa realidad juvenil donde se fragua y se define claramente el desafío conocido por todos, que tenemos respecto de la apuesta conjunta por una evangelización marcadamente vocacional. De entrada, las cifras pueden generar preocupación y alarma, y naturalmente nos inquieta el ambiente y el horizonte complejo que se pone delante de nuestra mirada en ese sentido. Pero, con toda certeza hemos de reconocer que estamos ante una gran oportunidad para abrirnos a la esperanza evangélica y estamos ante un tiempo privilegiado y decisivo para optar decididamente con las convicciones firmes y los esfuerzos necesarios, que no pueden quedar sujetos de ninguna manera a determinadas instancias o a unos pocos animadores de dicha labor. ¡Es una responsabilidad de todos!

Todos en la Iglesia somos llamados. La fe en Cristo Señor inevitablemente nos convoca tanto personal como comunitariamente a la plenitud bautismal, que paulatinamente madura en el camino de la vida cristiana. Si todos somos llamados ¿Por qué no entrar definitivamente en esa propuesta de la cultura vocacional, como el medio para sintonizarnos juntos en el modo de pensar, sentir y actuar respecto de esa identidad de llamados por Dios a una misión específica en medio de la Iglesia y para el servicio del mundo?

Tal llamada ha sido constitutiva a lo largo de la historia de la salvación. Es precisamente en el tiempo y en espacios concretos donde Dios ha depositado una gran confianza en el hombre, como nos lo testimonia la Sagrada Escritura. Estamos así ante un misterio infinito de amor de Dios por cada uno de nosotros, como nos lo hacia pensar y sentir Benedicto XVI al inicio de su ministerio petrino: No somos el producto casual y sin sentido de la evolución. Cada uno de nosotros es el fruto de un pensamiento de Dios. Cada uno de nosotros es querido, cada uno es amado, cada uno es necesario. Nada hay más hermoso que haber sido alcanzados, sorprendidos, por el Evangelio, por Cristo. Nada más bello que conocerle y comunicar a los otros la amistad con él”.

Son amplias las posibilidades para llevar adelante este compromiso arquidiocesano, y sin omitir el realismo que nos pide una mirada responsable sobre la cultura actual y la sociedad e iluminados por el Evangelio lanzamos las redes confiados en la Palabra siempre fecunda del Señor.

En este nuevo rumbo sintámonos sostenidos y conducidos por el Espíritu. Imploremos juntos a Cristo, para que esta travesía por el mar de la historia donde todos somos cooperadores de la pesca abundante nos permita intuir algo del frescor de la mañana en el mar de Galilea, donde el se acerca a la orilla, renueva nuestro llamado y compromete a otros.

Reconozcámonos servidores de la alegría de Dios, porque ¡lo que hacemos cuenta!

Desarrollo por San Pablo Multimedia