Bogotá, junio 28 de 2019

SAN PEDRO Y SAN PABLO: COLUMNAS DE LA FE

Por: Fray Fredy Farid Ávila Ávila OFM
Párroco de San Luis de Tolosa

28 de Junio 2019
SAN PEDRO Y SAN PABLO: COLUMNAS DE LA FE
A+ A-

Estos dos hombres muy diferentes en su personalidad y en su estilo de ser misioneros, son significativos en la fe cristiana

La solemnidad de San Pedro y San Pablo es de gran alegría para toda la Iglesia porque son ellos dos columnas fuertes en la edificación de la fe cristiana y de toda la obra de evangelización. Esta solemnidad nos recuerda y nos permite pensar en la inmensa acción de Dios y su gracia divina actuando en el ser humano: Dios moldeando al hombre para hacerlo perfecto discípulo y apóstol de Cristo; y el hombre, a pesar de sus fragilidades, dejándose transformar en instrumento de amor y de misericordia. Lo que celebramos y recordamos hoy no es, únicamente, la solemnidad de dos apóstoles, sino la gracia de Dios que vivifica y actúa en estos dos hombres como expresión de una obra acabada de Dios y consagrada a su servicio en el mundo. La vida y la misión de San Pedro y san Pablo se complementan mutuamente, y nos ayudan a comprender holísticamente el misterio de la Iglesia que engendra auténticos discípulos como Pedro y audaces misioneros como Pablo.

Estos dos apóstoles y, además, mártires de la fe por gracia de Dios y consecuencia de la experiencia de su encuentro con Jesucristo han desarrollado a lo largo de su vida y predicación grandes carismas y dones, reflejados en su intachable conducta en el obrar en medio de sus hermanos en la fe, y en la predicación del kerigma de Cristo anunciado con sus palabras y su testimonio en tantas comunidades cristianas por ellos fundadas y animadas en la fe.

Pablo es un judío fariseo de la diáspora, no conoce personalmente a Jesús de Nazaret, llega a ser un perseguidor fanático de la comunidad cristiana de Damasco y, después de recibir en visión el llamamiento al apostolado, pasa a ser el misionero por excelencia de los paganos. El autor del libro de los Hechos de los apóstoles, narra allí acerca de san Pablo: “Cuando vinieron a él, les dijo: Vosotros sabéis cómo me he comportado entre vosotros todo el tiempo, desde el primer día que entré en Asia” (20,18). San pablo nos enseña cómo es que debemos dirigir y guiar a los demás como buenos pastores. Más allá de nuestra gran elocuencia en los discursos, es con el propio testimonio de vida que se debe predicar de Cristo; con una consagración total a Él, vivida desde la humildad, y con la firmeza de sentirse acompañado por el Resucitado como pudo hacer frente a las muchas pruebas que le vinieron por manos de los judíos (Hch 20,19). El ejemplo de San Pablo es muy claro y preciso: con su propia vida mostró la firmeza de creer en Jesucristo, sintiéndose “apóstol” de Cristo logró que su trabajo misionero tuviese éxito y diera muchos frutos.

El apóstol San Pedro también en el año 30 d.C., después de la muerte de Jesús, asumió el reto de ser el líder comprometido de la pequeña comunidad de los primeros creyentes cristianos de Palestina durante quince años: San Pedro, dirigía las oraciones, respondía a las acusaciones de herejía que venían por parte de los rabinos ortodoxos y admitía a los nuevos adeptos (fue el responsable de aceptar los primeros no judíos). Más aún, también fue encarcelado por orden del rey Herodes Agripa, aunque pudo escapar y abandonar Jerusalén, dedicándose a propagar la nueva religión por Siria, Asia Menor y Grecia, siempre quiso permanecer fiel a la misión que el mismo Jesús le había confiado (Jn 21, 15-19).

San Pedro, es el galileo y antiguo pescador (Mc 1,16.21.29), es el primer testigo de la Pascua y se convierte en el apóstol primigenio de las comunidades judeo-cristianas pospascuales (1Cor 15,5; Lc 24,34). Desde antes de la muerte de Jesús se convirtió en el portavoz del grupo de los doce discípulos, considerado por algunos como confidente de Jesús: “Y no permitió que nadie le acompañara, a no ser Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago” (Mc 5,37; 9,2; 13,3).

Estos dos hombres muy diferentes en su personalidad y en su estilo de ser misioneros, son significativos en la fe cristiana en tanto que a Pablo le fue confiada la evangelización de los incircuncisos (no pertenecientes al pueblo hebreo) y a Pedro la de los circuncisos (judíos), pues como afirma el mismo Pablo en una de sus cartas: el mismo que actuó en Pedro para hacer de él un apóstol de los circuncisos, actuó también en mí para hacerme apóstol de los gentiles (cf. Gal 7,9).

San Pedro es el más representativo de los discípulos; porque aquello que los demás representan, hacen y piensan, Pedro lo expresa de una manera especial en su persona. Por ejemplo, la escena del lago de Genesaret (Mt 14,22-33) ilustra de hecho el carácter de Pedro: es impulsivo, entusiasta, no vacila en arrojarse al mar con el primer entusiasmo cuando Jesús lo llama, pero pronto desaparece su valor y le invade el miedo. También es el primero en proclamar su lealtad al maestro, pero es también el primero que le negara en la hora del peligro.

Pablo es el pionero en llevar la riqueza del Evangelio y la gracia salvífica entre los paganos y los pueblos no judíos. Es el misionero que se hace todo para todos, aprender hablar el lenguaje de todos, representa el aspecto carismático de la Iglesia mientras Pedro podemos decir que representa más lo institucional. Pablo experimento en sí mismo la bondad, la fecundidad y riqueza de la cruz, para llegar a la gloria del conocimiento de Cristo.

Pedro nos enseña cómo el Resucitado fue crucificado y Pablo nos recuerda que el Cristo glorioso es el mismo de la cruz; Pedro nos anuncia que no hay resurrección sin cruz y Pablo nos cuenta que no hay cruz de Cristo sin gloria de Cristo. En suma, tanto la cruz y la gloria quedan representadas en estos dos apóstoles “columnas de la fe”. Los dos apóstoles, Pedro y Pablo, son perseguidos y mártires, son convertidos y ganados por Cristo para el servicio de Dios y la edificación de su Reino de en esta tierra.

En este día solemne de fiesta por la grandeza de estos dos apóstoles, es una invitación enorme para nuestra vida cristiana y vivencia de la fe, es un llamado a tener una firmeza para creer en Jesucristo y su palabra, a tener una fe inquebrantable y un espíritu indómito por la misión; a ser misioneros y conocedores del Evangelio como san Pablo y discípulos fieles como Pedro para degustar de las cosas del Reino de Dios con todos sus desafíos y retos en el mundo actual.

Desarrollo por San Pablo Multimedia