Bogotá, 18 de abril de 2019

La Pascua es plenitud, novedad y esperanza

Por: Mons. Juan Álvaro Zapata Torres
Vicario Episcopal

18 de Abril 2019
La Pascua es plenitud, novedad y esperanza
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Al llegar la celebración del Triduo Pascual tenemos la oportunidad para que con Cristo seamos liberados de la esclavitud del pecado, le demos novedad a nuestras existencias y caminemos con la esperanza.

Luego de recorrer el tiempo de la cuaresma, de vivir un camino de confrontación espiritual y de realizar diversas acciones en pro de la conversión permanente, llegamos a la cima de este camino y nos encontramos con la Pascua, tiempo de plenitud, novedad y esperanza.

En los tiempos de Jesús la Pascua judía (pesah) congregaba en Jerusalén a los fieles de Moisés para conmemorar el paso de Yahveh en medio de la casa de los israelitas, mientras hería a la de los egipcios, así como la inmolación del cordero pascual, como memoria del éxodo que liberó a los hebreos de la esclavitud en Egipto (Ex 12, 12ss). Poco a poco esta fiesta se mezcló con la celebración de los ázimos (Ex 12, 15-20), donde los panes no fermentados acompañaban la ofrenda de las primicias de la recolección dando a entender la novedad del nuevo tiempo. Cada vez que el pueblo de Israel vivía una nueva esclavitud y era liberado, evocaba la pascua como recuerdo de la presencia permanente de Dios acompañando a su pueblo y defendiéndolo de los enemigos. Siglos más tarde la pesah pasa de ser celebrada en el ámbito familiar al templo, donde la sangre de los corderos ahora era derramada sobre el altar y los protagonistas del rito eran sacerdotes y levitas.

Asimismo, la pascua fue adquiriendo un carácter de nueva creación porque en ella se evocaban todos los acontecimientos de elección y salvación que Dios había realizado con la humanidad, desde su creación y con la elección de los patriarcas y profetas. Posteriormente la pascua adquirió una nueva identidad con la intervención de Dios a través de su Hijo, el Mesías, quien vino a darnos la salvación definitiva y a ofrecer a los hombres una nueva creación, un éxodo irreversible, una victoria total sobre el mal, un reencontrar el paraíso que la creatura humana había perdido por el pecado.

Esta nueva y definitiva manera de entender la pesah, nos revela que el Mesías viene a purificar el santuario provisional y anuncia el santuario definitivo, su cuerpo resucitado (Jn 2,13-23). Asimismo, la pascua del pan multiplicado será su carne ofrecida en la cruz para redención de todos y allí es Él quien asume el lugar del cordero, para convertirse en víctima e instituir la nueva comida pascual y revelar su propio éxodo, el paso de este mundo pecador al reino del Padre.

De este camino nace la pascua cristiana, la cual nos convoca cada año para celebrar la liberación del pecado y de la muerte, posibilitando la unión con Cristo crucificado y resucitado para compartir con Él la vida eterna y orientar la esperanza hacia la parusía gloriosa o manifestación definitiva de Dios en la humanidad. De igual forma, cada pascua es un anuncio del futuro banquete celestial, hacia el que todos los cristianos caminamos. Es por eso, que el Catecismo de la Iglesia Católica nos recuerda que la pascua no es simplemente una fiesta entre otras, “es la fiesta de las fiestas, donde Cristo ha aplastado la muerte, se ha insertado en nuestro viejo tiempo con su poderosa energía, hasta que todo le esté sometido” (CIC, 1169).

Por ello, al llegar la celebración del Triduo Pascual tenemos la oportunidad para que con Cristo seamos liberados de la esclavitud del pecado, le demos novedad a nuestras existencias y caminemos con la esperanza de alcanzar algún día la tierra prometida de la casa Paterna en la resurrección.

 

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