Bogotá, marzo 14 de 2019

La Amistad Sacerdotal

Por: Jonathan Sánchez - Diácono Transitorio

14 de Marzo 2019
La Amistad Sacerdotal
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La amistad sacerdotal es signo y expresión de la caridad -  “y los envió por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde Él pensaba ir… rueguen al dueño de la mies que envíe operarios a su mies (Lc 10, 1 – 2)”.

En el contexto frenético y acelerado en el que se mueve el mundo, el sacerdote, como pastor del pueblo de Dios, está llamado a ser serenidad para quien le busca, sosiego para quien está acongojado, luz para quien está confundido, apoyo para el necesitado, en definitiva, está llamado a ser sal de la tierra y luz del mundo, pero ¿somos conscientes de ser pastores entre nosotros mismos como parte de un mismo presbiterio?

Desde sus orígenes la iglesia, y de manera especial los clérigos, han estado llamados a ser testimonio del amor de Dios en medio del mundo, de allí que el sacerdote celebre los sacramentos con la comunidad que se le ha confiado, visite a los enfermos, salude por las calles, asesore espiritualmente a los fieles, los reciba en el despacho e incluso los visite en sus casas, ya sea para saludarles o para llevarles la bendición de Dios a sus hogares y proyectos.

Todo lo anterior es muy importante en la vida sacerdotal, pero de la mano de ello ha de estar la capacidad de cultivar verdaderas amistades sacerdotales, pues así como se da la vida por los fieles confiados, se generan espacios para que ellos conozcan a Dios y lo amen, es necesario aprender a reconocer a Cristo presente en el hermano sacerdote. ¡Que importante una llamada solo para saludar, una visita a quien está enfermo, una sonrisa sin prejuicio para quienes inician el ministerio y un corazón dispuesto para amar y acoger a quien se equivoca o cae en la tentación!

La verdadera amistad sacerdotal parte de allí, de la consciencia firme de reconocerse pastores no solo hacia los fieles que le son confiados en su parroquia sino también de aquellos hermanos sacerdotes que el Señor ha puesto en el camino y de manera especial aquellos que necesitan ser escuchados, apoyados y consolados cuando han caído o tienen dificultades.

La amistad sacerdotal es signo y expresión de la caridad, por lo tanto, no podemos esperar que un hermano este enfermo para llamarle, que caiga para juzgarle, que se equivoque para condenarle ¡NO! La amistad sacerdotal ha de convertirse en una atmosfera de vida, es decir, en un elemento constitutivo del ministerio pues, aunque cada uno viva su ministerio en su comunidad concreta no quiere decir que seamos islas, somos hermanos, somos un mismo presbiterio, somos presencia del Señor en medio de los hermanos.

Vivir la amistad sacerdotal, ¡la verdadera amistad sacerdotal! es preocuparse por el hermano, amarlo, reconocer a Jesús presente en él y por lo tanto amarlo con el amor de hermano que el Señor nos suscita en el corazón, es en definitiva comprender que el Señor nos envío de dos en dos, que yo solo no puedo hacerlo todo, que mi hermano sacerdote es ese dos, ese otro con el que el Señor me envío. Quien vive la amistad sacerdotal es testimonio, aprende a corregir fraternalmente y amando a su comunidad parroquial y al presbiterio del que hace parte suscitará en medio de los jóvenes el deseo incesante de dar la vida como operario de la gran mies del Señor.

 

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